Relatos de GHOULS y otras criaturas de cementerios


Relatos de GHOULS y otras criaturas de cementerios.




Hay criaturas de hábitos tan repugnantes que ni siquiera podrían clasificarse como parte de una raza de vampiros o demonios. Nos referimos a los Ghouls, aquellos seres necrófagos que habitan en los cementerios desde tiempos inmemoriales.

Los primeros relatos de Ghouls refieren a criaturas bastante toscas, incluso limitadas en términos intelectuales, pero lo suficientemente astutas como acechar a lo incautos en los cementerios.

Algunos sostienen que cuando alguien se convierte en vampiro pero no es instruido adecuadamente por su maestro, adquiere entonces las costumbres elementales de los Ghouls. En este sentido, los Ghouls serían sencillamente aquellos vampiros que no tuvieron la suerte de ser educados en el manejo de sus habilidades; en consecuencia, adoptan los hábitos del carroñero, no del depredador, conformándose con poblar los cementerios y camposantos, saqueando tumbas y royendo viejos cadáveres hasta que por fin son descubiertos.

A continuación compartimos algunos de los mejores relatos de Ghouls de nuestra biblioteca.




Relatos de GHOULS y otras criaturas de cementerios.
  • Después (Afterward, Edith Wharton)
  • El Ghoul (The Ghoul, Clark Ashton Smith)
  • El modelo de Pickman (Pickman’s Model, H.P. Lovecraft)
  • La calavera que gritaba (The Screaming Skull, F. Marion Crawford)
  • La casa del juez (The Judge's House, Bram Stoker)
  • La estirpe sin nombre (The Nameless Offspring, Clark Ashton Smith)
  • Las campanas (The Bells, E.A. Poe)
  • Sir Edmund Orme (Sir Edmund Orme, Henry James)
  • El barco fantasma (The Ghost Ship, Richard Middleton)
  • El bouquet de la muerte (Death's Bouquet, Peter Phillips)
  • El hombre que gritó: ¡lobo! (The Man Who Cried "Wolf!", Robert Bloch)
  • El séptimo hombre (The Seventh Man, Arthur Quiller-Couch)
  • El valle de los asesinos (The Valley of the Assassins, Edmond Hamilton)
  • La momia sin nombre (The Nameless Mummy, Arlton Eadie)
  • Marca de nacimiento (Birthmark, Seabury Quinn)
  • Una cama terriblemente extraña (A Terribly Strange Bed, Wilkie Collins)




Antologías. I Libros infames.


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Extrañas frases de amor de los Vikingos


Extrañas frases de amor de los Vikingos.




La imagen que habitualmente se tiene de los Vikingos es la de un pueblo guerrero, áspero, beligerante, y capaz de emprender increíbles hazañas marítimas. Todo eso es cierto, no obstante, el amor también fue una de las grandes aficiones de los Vikingos, tal como lo evidencian las antiguas inscripciones halladas en la región de Bryggen, Noruega.

Los mitos nórdicos, registrados principalmente en los Eddas y las Sagas, no abundan en referencias al amor, probablemente debido a que resultaba un tema de menor importancia que la guerra. Sin embargo, los pueblos vikingos nos han legado uno de los epistolarios amorosos más extraños y perdurables de la historia.

En definitiva, una carta de amor escrita sobre pergamino es mucho menos duradera que otra tallada con Runas sobre madera, roca o marfil. Y eso es precisamente lo que se encontró en Bryggen: más de 500 inscripciones rúnicas a propósito de cuestiones cotidianas, intercambios comerciales, y, por supuesto, mensajes de amor.

La mayoría de estas frases de amor se caracterizan por ser simples y directas:


Óst min, kyss mik.
(Mi amor, bésame)


Otras, en cambio, recurren a cierto patetismo, cierta angustia ante la pérdida del otro, probablemente como consecuencia de las largas expediciones náuticas que separaban a los amantes durante años:


Mun þú mik, man ek þik.
Unn þú mér, ann ek þér.

(Recuérdame, yo te recordaré.
Ámame, yo te amaré)


Y así como los Vikingos se jactaban de sus triunfos en la guerra, también compadreaban sobre sus conquistas amorosas.

Si bien la siguiente no es exactamente una frase de amor, bien podemos pensar que registra la conquista de una mujer especialmente hermosa, al menos lo suficiente como para tallar con Runas ese suceso:


Smiður sarð Vigdisi af Snældubeinum.
(Smidur se acostó con Vigdis de los Snældubeinar)


Menos indiscreta es la siguiente frase vikinga de amor, la cual no hace referencia directa a un revolcón —sin dudas, memorable—, sino más bien a una relación fugaz con motivo del paso del tallador por una aldea vecina:


Ingibjörg unni mér þá er ek var í Stafangri.
(Ingibjörg me amó cuando estuve en Stavanger)


Por cierto que no todos los Vikingos sabían escribir, con lo cual aquellos que sí conocían el oficio eran sumamente requeridos para tallar mensajes. El siguiente es uno de los más extraordinarios. Posiblemente fue mandado a tallar por una esposa preocupada y enviado a un esposo que demoró excesivamente su regreso:


Gyða segir at þú gakk heim.
(Gyda dice que debes regresar a casa)


El siguiente mensaje de amor vikingo, por mucho el más comprometedor de todos, es en realidad una confesión bastante peligrosa; habida cuenta del destino ingrato que les esperaba a los infieles.


Ann ek svá konu mans at mér þykkir kaldr eldr. En ek emi vinr vifs þessa.
(Yo amo tanto a la esposa de ese hombre que el fuego me parece frío. Y yo soy el amante de esa mujer)


Pero el mensaje de amor vikingo más interesante de todos no tiene que ver con declaraciones, recordatorios, promesas o urgencias talladas con runas; sino más bien una prueba de que este pueblo contaba con individuos extremadamente cultos.

Se trata de la inscripción en latín de una célebre frase de Virgilio, la cual combina tres elementos que obsesionaban a los Vikingos: el amor, la conquista, y un tercero, que solo era admisible en el terreno del amor: la derrota:


Omnia vincit amor, et nos cedamus amori.
(El amor lo vence todo, dejémonos vencer por él)




El lado oscuro del amor. I Mitos nórdicos.


Más literatura gótica:
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«La risa del Demiurgo»: Robert Frost; poema y análisis


«La risa del Demiurgo»: Robert Frost; poema y análisis.




La risa del Demiurgo (The Demiurge’s Laugh) es un poema del escritor norteamericano Robert Frost (1874-1963), publicado en la antología de 1913: La voluntad de un muchacho (A Boy's Will).

La risa del Demiurgo, uno de los poemas de Robert Frost más destacados, relata un episodio menos insólito que su desenlace: un hombre, solo en el bosque, se encuentra con un demonio. Lejos de salir corriendo o de invocar el nombre del Señor para ahuyentarlo, recurre a la indiferencia.

Si bien el tema es un tanto exiguo para el horror, en términos poéticos resulta francamente estremecedor: el demonio está ahí, riéndose del hombre, mientras este finge que nada ve, que nada hay, que sigue solo bajo la sombra confidencial de los árboles.




La risa del Demiurgo.
The Demiurge’s Laugh, Robert Frost (1874-1963)

Estaba lejos en la monotonía de la madera;
corriendo con alegría en el sendero del Demonio,
aunque sabía que lo que cazaba no era un verdadero dios.
Justo cuando la luz comenzaba a decrecer,
lo escuché de repente, todo lo que necesitaba oír:
y ese sonido me ha seguido durante muchos, mucho años.

El sonido estaba detrás de mí, no delante,
un sonido soñoliento, medio burlón,
como el de alguien que no debería importarme.
El Demonio se levantó de su revolcón para reír,
sacudiéndose la suciedad de los ojos mientras lo hacía;
y bien sabía yo lo que el Demonio quería decir.

Nunca olvidaré cómo sonó su risa.
Me sentí como un tonto por haber sido atrapado,
y acentué mis pasos para fingir
que era algo entre las hojas lo que estaba buscando
(aunque era dudoso que se quedara a ver).
Después de eso, me senté contra un árbol.


It was far in the sameness of the wood;
I was running with joy on the Demon’s trail,
Though I knew what I hunted was no true god.
It was just as the light was beginning to fail
That I suddenly heard—all I needed to hear:
It has lasted me many and many a year.

The sound was behind me instead of before,
A sleepy sound, but mocking half,
As of one who utterly couldn’t care.
The Demon arose from his wallow to laugh,
Brushing the dirt from his eye as he went;
And well I knew what the Demon meant.

I shall not forget how his laugh rang out.
I felt as a fool to have been so caught,
And checked my steps to make pretence
It was something among the leaves I sought
(Though doubtful whether he stayed to see).
Thereafter I sat me against a tree.


Robert Frost
(1874-1963)




Poemas góticos. I Poemas de Robert Frost.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Robert Frost: La risa del Demiurgo (The Demiurge’s Laugh), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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