Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Percy Shelley.
Sobre el arte de escribir cuentos.
Relato de Emilia Bazán.

Poema de Oscar Wilde.
Microrrelato de terror.
Poema de John Barlas.


La primera mujer en verse en un espejo


La primera mujer en verse en un espejo.




Huang Tzu era un campesino que vivía con su esposa y su suegra. Como todos los años, apresuró la cosecha de arroz y se dispuso a viajar a la aldea. Antes de partir, o acaso para que se le permitiera partir, anunció que traería regalos.

En el viaje de regreso se cruzó con un extraño caminante que venía del norte. El hombre traía toda clase de objetos extraños, brillantes, nunca antes vistos, lo cual le recordó a Huang Tzu su promesa.

—¿Qué regalo me recomiendas comprar, buen hombre?

—Este —dijo el viajero, extrayendo de su bolsa un pequeño espejo.

—¿Y para qué sirve?

—Para dar testimonio de la verdad. Observa el cristal y dime qué ves.

—Veo a un hombre como cualquier otro.

—Entonces esa es la verdad —dijo el viajero.

—Deme dos.

Cuando llegó a casa fue interceptado por las dos mujeres, muy ofuscadas por la tardanza y agitando en el aire sus varas de bambú, pero en seguida Huang Tzu extrajo los regalos y los gritos se calmaron.

La esposa observó su reflejo y empezó a llorar.

—¿Qué ocurre, hija?

—Huang Tzu ha traído a otra mujer a casa, más hermosa y joven que yo.

La anciana tomó su regalo, lo observó, y respondió:

—No te preocupes; esa mujer tiene envidia en la mirada.




Feminología: filosofía de la mujer. I Diarios de antiayuda.


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El día que Julia no borró un audio de Whatsapp


El día que Julia no borró un audio de Whatsapp.




Julia odiaba recibir audios por Whatsapp. A veces tardaba días en escucharlos, incluso semanas; y siempre, invariablemente, los borraba.

Salvo uno.

Su marido se lo había repetido una y mil veces, hasta el cansancio, hasta convertir la sugerencia en un puto homenaje a Pavlov: ¡Por favor, Julia, escuchá los audios cuando no estás en casa! No hagas que me preocupe al pedo. ¿No ves las noticias vos?

Ése día Julia estuvo atenta al teléfono todo el día.

La pantalla se iluminó cuando volvía del supermercado.

Julia ingresó el código de su teléfono.

Whatsapp.

Mensaje de audio.

Se calzó los auriculares.

Ahora sí. Play.

Del otro lado oyó el susurro desesperado, taquigráfico, de su marido:

¡Alguien entró en casa! Está en el piso de arriba. ¡Tiene un arma! Me escondí en el sótano. Desde acá no tengo señal, solo internet. ¡Llamá a la policía, Julia, te lo pido por f...!

Fin del mensaje.

Julia cerró su Whatsapp.

Marcó los números sin necesidad de recurrir a la agenda.

Tenía una memoria excelente.

—Diga —contestó una voz masculina.

—Bajá. Está en el sótano —dijo Julia.




Relatos de terror. I Leyendas urbanas de terror.


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Cervantes y la conspiración de los molinos de viento


Cervantes y la conspiración de los molinos de viento.




En Don Quijote de la Mancha, Cervantes induce la asociación entre la hidalguía absoluta y la locura, agrupando estos conceptos inciertos como subproductos de un mismo principio.

Los actuales pobladores de esa tierra enigmática disimulan el recelo por Cervantes bajo la máscara de la admiración pública. En privado, sin embargo, evidencian las artimañas del autor, quien hizo todo lo posible para hacer pasar por loco al profeta.

Y la mejor forma de hacerlo es a través de la exégesis.

Cuando el viento rastrero se olvida de los campos de la Mancha, los campesinos recurren a un rito ancestral que prueba la conspiración cervantina contra el Quijote, sus visiones, su destemplada concepción del tiempo.

Entre bailes y sacrificios en tributo a los vientos ausentes, los hombres de la Mancha elevan sus voces a las montañas para que los gigantes despierten, como lo hacen desde hace siglos, y hagan girar las aspas de los molinos.




Filosofía del profesor Lugano. I Egosofía: filosofía del Yo.


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¡Nunca hables con extraños!


¡Nunca hables con extraños!




Mi hermanito siempre le hizo caso a nuestros padres.

Siempre.

—¡Nunca hables con extraños! —le decían.

Y mi hermanito jamás lo hizo.

Nunca habló con extraños.

Lo sé porque un día él y el extraño caminaron juntos en silencio, tomados de la mano. Desde la plaza los ví perderse en el bosque.




Leyendas urbanas de terror. I Relatos de terror.


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